sábado, 8 de agosto de 2015

Petrichor, ¡huele a lluvia!

Después de un día de caluroso verano, ¿quién no ha disfrutado alguna vez con ese olor tan característico que desprende la lluvia? Dicho olor fue bautizado por dos geólogos australianos como PETRICHOR. El nombre de Petrichor tiene su origen en dos palabras griegas: petros (piedra) e ikhôr (líquido que fluye por las venas de los dioses en la mitología griega). Isabel Joy Bear y R. G. Thomas publicaron su estudio en la revista Nature (993/2) en 1964. En su artículo, los autores explican que dicho olor deriva de un aceite exudado por ciertas plantas durante períodos de sequía. Este aceite queda adsorbido a la superficie de las rocas (principalmente las sedimentarias como las arcillosas), y que al entrar en contacto con la lluvia son liberados en el aire junto con otro compuesto, la geosmina; la cual es un producto metabólico de ciertas bacterias. La emisión de estos compuestos es lo que produce el distintivo aroma.


Recientemente científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos, creen haber descubierto el mecanismo por el cual el aroma se dispersa en el aire. Dicho grupo de investigación filmó las gotas de agua en cámara lenta descubriendo que cuando una gota golpea una superficie porosa, se forman pequeñas burbujas en su interior. Al igual que ocurre en un vaso de refresco, las gotas suben y, al alcanzar la superficie se rompen y liberan una efervescencia de aerosoles.

Estas partículas diminutas quedan suspendidas en el aire y luego son esparcidas por el viento. Dichos aerosoles son los aceites de los que hablaban Isabel y Thomas, y la geosmina (entre otros). La geosmina significa en griego “aroma de la tierra”. Es una sustancia química producida por la bacteria Streptomyces coelicolor y algunas cianobacterias y hongos, los cuales se hallan en el suelo y son perceptibles típicamente cuando la tierra se humedece; por ejemplo, cuando llueve. 


Este compuesto es importante para los animales vertebrados que habitan el desierto porque la percepción de su olor les indica que encontraran agua en poco tiempo. Pero no solo los animales vertebrados se benefician de este compuesto, algunos insectos polinizan flores que desprenden este aroma ya que son atraídos por el olor a humedad al ir en busca de agua.

Pero volviendo al estudio del MIT, llevado a cabo en el laboratorio, los investigadores sospechan que en un entorno natural los aerosoles pueden transportar no solo sustancias aromáticas, sino también bacterias y virus almacenados en el suelo. Por esta razón creen que los resultados del estudio podrían ayudar a explicar cómo se transmiten algunas enfermedades vinculadas a las bacterias presentes en la tierra, por ejemplo, cómo la lluvia puede contribuir a la propagación de dichas bacterias que pueden ser perjudiciales para el hombre.

" Este artículo porta con orgullo el estandarte del Carnaval de Química en sus Bodas de Oro, que coordina la asociación JEDA Granada en su blog (jeda.es/blog) "












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